El Bautizo
Cuando el gato llegó a nuestras vidas, teníamos solo dos días viviendo juntos, nos habíamos mudado a un pequeño apartamento en el Barrio Sur de la ciudad de Montevideo, una ubicación privilegiada, tenemos a tres escasas cuadras la bahía y a unas cortas cinco cuadras la avenida 18 de Julio. Yo estaba negado a tener una mascota de manera tan acelerada, en parte porque cuando rentamos este acogedor techo nos informaron de manera muy clara y seria, que no se permitían tener mascotas, y además porque los dos tenemos realmente poco tiempo para estar en casa, se nos va la juventud en el trabajo y en el estudio, por ende me resultaba un poco cruel someter a un animalito al amargo suplicio de la soledad. Sin embargo un día Victoria me dijo a modo de chiste, que iba a adoptar un gato, conozco lo suficiente a esa muchacha de mirada perdida para saber que cada "broma" tiene una pincelada de realidad y que más temprano que tarde aparecería con un felino. Debo admitir que al principi...